LOS YANKEES Y LA TRIUNFALISTA Y FANTASMAL EUFORIA MODERNA

Apr 20, 2016; Chicago, IL, USA; Chicago White Sox third baseman Todd Frazier (21) tries to make a play on an infield single hit by Los Angeles Angels center fielder Mike Trout (not pictured) during the ninth inning at U.S. Cellular Field. The White Sox won 2-1. Mandatory Credit: David Banks-USA TODAY Sports

Por Andrés Pascual

Los Yankees determinaron las pautas cuando “lo eran de verdad”, marca registrada en intención y resultados: Ruth, Gehrig, Mantle, Dimaggio, Dickey, Berra, Mize, Meusel, Lazzeri, Koening, Richardson, Reynolds, Turley, Sccoter, Heinrich, Ford, Gómez, Howard, Bauer, McCarthy, Huggins, Stengel…todos esos nombres y otros que no escribo por acopio de espacio, cada uno, son la cara del beisbol, porque sin los Yankees, con perdón del incrédulo fanático “anti”, no se puede hablar del deporte más fascinante durante más un siglo para los americanos.

Los Bombarderos hicieron rentable al juego y lo pusieron en niveles de “vedette” de grandes ternas; durante décadas, el pasatiempo tuvo un nombre: LOS YANKEES DE NUEVA YORK.

Tan extraña, tan curiosa fue la “yankeemanía”, que acostumbraron al fanático a verlos a pupilo en las Series Mundiales sin aburrirlos, y a que sus jugadores de interés ocuparan turnos fijos o de sustitución en las alineaciones del Joven Circuito a los Juegos de Estrellas, además de prestarle al llamado Clásico de media temporada al manager que los dirigiera en la ocasión.

La guerra en el beisbol por el resultado final era contra los Yankees, señor mío, sin los inquilinos del Bronx no habría beisbol, nadie sabe por qué razón se convirtió este club en el corazón del juego, aunque todo lo relacionan con la llegada de Ruth y sus jonrones, y es posible, porque, individualmente, si le quita al Babe al juego no hubiera historia y sin este símbolo pues no hubiera franela rayada…

Pero también existieron en Nueva York los Gigantes, que tuvieron predominio mundial pre-Babe Ruth, y durante cinco años de la era del Bambino; que los dirigió el manager más grande conocido, John McGraw; que adaptó al beisbol a los cambios necesarios como “jugar con la bola viva”; que puso de moda el “hit and run”; que agrupó en sus 30 años al frente del club de Polo Grounds a varios de los mejores jugadores de la historia como Ott y Matty, sin embargo, dosis de interés magnífico, son parte de la historia del beisbol, pero…NO SON LOS YANKEES.

Un refuerzo para los Asesinos significaba otro anillo de la serpiente apretando la garganta enemiga; así, el mismo Babe Ruth, Herb Pennock, Sewell, Johnny Mize, Bob Turley, Vic Raschi, Héctor López…remataron al miura herido con sus apariciones en la franela blanquinegra como “espadas de puntilla”.

De pronto se debilita el club primado del beisbol por efecto de la competencia de otros clubes en base a “mucho dinero iguala y la meta es el mercenarismo agencia libre” y comienzan a invertir en peloteros que no rinden para las cantidades que les pagan, la debacle se ayuda por un rosario de escándalos variopintos, no importa que tuvieran en el róster a uno de los 3 mejores peloteros de la historia de la novena, a mi juicio, uno de los cinco más grandes y completos de la historia del juego, Derek Jerer, el Capitán de Capitanes, “el hombre que casi salvó al beisbol de la noche negra y trágica que no concluye”, porque no pudo solo con tantos conspirando contra la moral del club, nadie hubiera podido, ni Ruth…

Entonces se caen los ratings, se imponen otros deportes en sintonía y presencia en el estadio…señor, no es sospechoso ni curioso, con los Yankees fuera de la competencia se va a caer hasta el sol un día si no le ponen buenos soportes…

La ausencia del club de Ruth de “la serie grande” ha sido una puñalada trapera al juego y al fanático, porque se replanteó, se reafirmó: sin los Yankees no hay beisbol de audiencia, porque es el equipo del mundo, es la novena que se sufre o que se goza aunque haga picadillo al club local y este sentimiento es único y está ausente, desconocido en cualquier otra disciplina alrededor del mundo.

Todd Frazier (foto) es un veterano de 7 temporadas a los 31 años de edad, adquirido reciéntemente los Yankees, un tercera base que sus promedios más altos han sido dos veces .273, que jamás ha impulsado 100 carreras, que dio 40 jonrones el año pasado y yace en una cama del hospital “mediocridad” con anemia perniciosa de .207 de average, pero ha movido los titulares de tal forma increíble que, por el desarrollo de la media cómplice en el derrumbe del beisbol, supera el jolgorio y la algarabia de cuando llegó Babe Ruth desde Boston a Nueva York ¿Es posible?

Observe los promedios generales de Frazier, recibido con más bombo y platillos que Montgomery en Londres en 1945: .247 de average .318 embasamiento .461 de slugging y .779 por suma de totales. Su fildeo es reflejo de “ni fu ni fa” por .965.

Lo que quiero decirle después de este cuento que no va a causar ningún efecto, es que la media de hoy ha acostumbrado al fanático a ser poco reflexivo, a no contener sus emociones, a permitir que inunde el fuego fatuo su esperanza y a desequilibrar el viejo precepto “sea cuidadoso en el elogio”, porque, sin negatividad inservible ni complejos febriles ¿Debiera causar el revuelo, el torbellino mediático que logró el cambio desde Chicago a los Yankees en medio de una operación múltiple de alto riesgo de un jugador que, por lo que se aprecia, no alcanzará nunca la estatura de Nettles ni de Boggs?

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