¡AL MANAGER, BOTEN A MATTINGLY!

Por Andrés Pascual

La crónica en español surfloridana, francamente poco competitiva, le ha abierto espacios entre signos de admiración a la opinión de un scout que dijo que los Marlins “debieran empezar de cero”, o sea, que prescindan de la mayoría los jugadores y levanten la bandera blanca, pero no mencionó ni a la gerencia en la oficina ni al manager de terreno…

El poco profesionalismo y la baja calidad de los buscadores y entrenadores, desacredita completamente la sugerencia por dos cosas: primero, porque el club merece otro tratamiento y, segundo, porque hoy cualquiera es agente, trainer, buscador… incluso manager, que los propios Marlins lo ratificaron cuando trajeron a Jennings, conclusión de un sainete amargo indigno de la seriedad que merece el pasatiempo.

Don Mattingly fue miembro de un escuadrón del Bronx durante la era más frustrante del equipo rayado, bateó bien, fildeó bien, lució bien, tuvo al lado a Winfield, pero no supo ni pudo liderar, porque no tiene capacidad de liderazgo, es un hombre monótono, de mediocridad evidente en cuanto a mover sensaciones hacia polos de agresividad en el terreno, en esto se parece a ese HOF hecho a la cañona por Steinbrenner, Joe Torre, y los Marlins, que son un buen equipo, carece de liderazgo para que, haciendo de tripas corazón, se sobrepongan a los problemas del pitcheo y a la anemia que los consume y angustia en cuanto al joseo obligado.

El club está esperando un líder para empezar del cero del “sabio de pacotilla”, el tipo de jugador que, cuando no está en uniforme como compañero del resto, tiene que ser el manager y pare de contar.

Pero Mattingly no es el que puede hacer la diferencia, que provocaría que se revuelva el potaje y enfile a la novena hacia otros horizontes; no, el único cambio que hay que hacerle a ese club es sacar a un individuo que, en vez de transmitir alegría y ansia combativa, lo sume en el sótano frío de la desesperanza y la desconfianza entre sí mismos, más que en el último de la tabla.

Sin embargo, tuvo un chispazo brillante al subir a Stanton al segundo bate, porque, si algo tiene este jugador, además de que lo desarma un salario inmerecido, puesto a libre albedrío y sin contar con nadie por un dueñó al que le da urticaria conocer que el club compite con posibilidades por el playoff, acaso provocada por esta situación, es la incapacidad de decidir a la hora cero, que lo bloquea para ser un clutch-hitter como se supone que deba responder quien gane esa barbaridad.

Stanton no tiene vocación de malo, no puede hacerle daño a nadie, por esa razón no debe estar en ningún lugar en que prevalezca la capacidad de respuesta violenta y criminal cuando se necesita de su poder, entonces el segundo es bueno para el outfielder, o, en todo caso, el 8vo, pero se ve feo que alguien que gane lo que no soñó Alex Rodríguez, batee en el lugar que podría hacerlo usted o yo si nos uniformamos ¿Si o si?.

El 4to bate de ese equipo es Justin Bourg, slugger estilo antiguo, con poder para batear 30 ó más dobles y jonrones y para impulsar a 100 ó mas, promedio relativamente bueno, pero, si cumple la función del clutch pleno, entre .265 y 285 estaría justficado como positiva su contribución…

Revise los números personales de los Marlins, entre Stanton, Ozuna y Bourg, cada uno pasa de 10 jonrones y de 30 empujadas, revise el resto de los clubes de la división y se sorprenderá con lo poco competitivos que pueden ser ante el club surfloridano en este aspecto. Realmuto es cada día más agradable al paladar del fanático más exigente.

Yelich ha dado un bajón de Padre y Señor Mío, porque lo afectó el relajo emocional en que convirtió Loria a un club que merece mejor tratamiento que empezar de cero, como sugirió un traficante de cuneta de talento deportivo.

Si la pérdida de José Fernández ha sido de tan mala influencia que no se han podido recuperar porque nadie se encarga de asumir el papel de líder del joven pitcher cubano fallecido, la tapa al pomo es mantener a Don Mattingly, jugando a “que dirijo” a un equipo que necesita, más que nunca, un director serio, exigente, impositivo, pero, sobre todo, que haga jugar a un equipo bueno y pitchear a un staff que no es tanto, pero resultaría si aires y hambre de gloria batieran tras ellos “como Dios se supone que mande”.

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