A LOS BATEADORES LOS BENEFICIAN DESDE HACE RATO

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Por Andrés Pascual

A veces se es injusto con la modernidad y el beisbol, el cambio para constituir en excelsa la ofensiva del juego no es hijo de los “nuevos aires”; la conspiración para hacer más bateadores a los buenos, aceptables a los mediocres y supermanes a las estrellas nació desde que Ruth inauguró la casilla de los jonrones con más de 25; entonces el departamento ofensivo convirtió en espiral la cacería de los números portentosos del Babe e intentaron todo para igualarlos y superarlos, hasta convertir al fanático en adorador del cuatroesquinazo sobre cualquier otro aspecto del juego.

Por cierto, hace algunos años que no hay letanía sobre jonrones, marcas y jonroneros como se acostumbró entre 1998-2006, en que aparecieron más veces en la prensa esos nombres que el de Jesús en LOS PROFETAS.

El unguento de Lena Blackburne mantuvo el color de la pelota aunque sin brillo; con la bola viva se cometió fraude a principios de los 40’s y Spalding reconoció que la manufacturó “con otros ingredientes”, pero lo justificó con la escasez de caucho provocada por la guerra.

En 1943 sometieron a investigación a la compañía y a prueba varias pelotas, hubo quejas de pitchers sobre el rebote, mucho más vivo que lo normal y regresaron a la normalidad.

Hasta acusaciones descabelladas y ridículas de algunos cronistas contra la compañía de artículos para el juego hubo, como en un periódico del centro-oeste del país, en el que un comentarista escribió que se utilizaba una sustancia cuya base era “el rabo de lagartija”.

Lo normal es que el pródigo empujador de carreras sea un toletero, un bateador de jonrones, incluso para empujar a un corredor anclado en la tercera base debe tener poder para dar el fly profundo que le permita al embasado el “pisicorre”, que irá a la cuenta del empujador como empujada por sacrificio sin vez al bate y a la del pitcher como carrera limpia si llegó a tercera sin errores.

En noviembre de 1953, la Comisión de Reglas y Arbitraje de las Mayores y las Menores restauró el “fly de sacrificio”, que probaron en 1938 para abolirla al finalizar aquella campaña.

A la vez que reinstalaban la regla que beneficia a los bateadores de largo metraje, rechazaron la implementación del lanzamiento con saliva o spit-ball. El año pasado, muy tenue, muy bajito, se habló de reducir más el balk y legalizar la saliva.

Bueno…es que cuando se pasa tanto trabajo para batear .300, superar los 50 jonrones por uno ó dos y los 35 por tantos que dé pena, “los magistrados acusarán al pitcheo”, porque un departamento monticular robusto es muy bonito, pero afecta la billetera del entorno y, si el fanático moderno no toma en cuenta al beisbol con la seriedad que debe, si no se protege a sí mismo del atraco, pues a permitirlo se ha dicho.

La regla del elevado de sacrificio significa carreras empujadas, de por sí un beneficio enorme para el artillero, pero, si le agrega que no se apunta vez al bate…

¿Quiere ver qué sucedería en los resultados del promedio de bateo personal y colectivo si se apuntara el sacrificio como un turno fallado? En 1956, Mickey Mantle bateó 4 hits de sacrificio, reste entre 8-16 puntos de su promerdio de .353, con el que encabezó la Liga Americana como parte de su Triple Corona, y tendrá ante sí la posibilidad de descubrir que, quizás, no hubiera sido campeón de bateadores.

Dato necesario: ningún bateador de .400 fue protegido por la regla del fly de sacrificio (foto BILL TERRY). A Williams y a Musial los afectó desde 1954 hasta su retiro, es decir, 6 años a Teodoro y 9 al cañonero de los Cardenales.

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