LOS DODGERS, SIN TEAM WORK NI ESPÍRITU HERÓICO

kershaw

Por Andrés Pascual

La historia de los Dodgers no cabe en el capítulo de los clubes famosos por su coraje, más bien lo contrario: nunca remontaron diferencias casi insalvables con la seguridad de su juego, el magnetismo de su personalidad y el temor del contrario por la persecusión, como le sucedió al Filadelfia de mediados de los 60’s con los Cardenales…

Fueron un club que perdían “pacíficamente” en el Clásico Otoñal contra los Yankees durante su estancia en Nueva York, que le sirvieron en bandeja a los Mulos hasta el apodo de Reggie Jackson, porque les metió 5 jonrones, tres de ellos en un juego, en 1978.

Son el único club al que un passed ball se le convirtió en pesadilla eterna como parte de la historia negra del pasatiempo, porque Mickey Owen, su cátcher de 1941, no pudo retener un tercer strike tirándole que sirvió para poner en primera a un bateador por ponche.

Por ese error, que hizo reaccionar a los Yankees, entregaron un juego que nadie hubiera perdido, luego de tener ventaja en el noveno, dos outs y en tres y dos el bateador enemigo que embasó la pifia.

Cuando ganaron en 1955 con la ayuda de la atrapada del cubano Edmundo Amóros corriendo hacia la grada del left, jugada “cubo de agua fría que concluyó en dobleplay, por poco se cae el barrio por la celebración.

El Brooklin de los 50’s era un team superior a los Yankees posición por posición, pero les faltaba el espíritu heroico que aquellos Bombarderos podían regalar.

A este club le metió el mediocre Don Larsen su juego perfecto.

Con uno de los pitchers más cobardes jamás vistos en Series Mundiales, Don Newcombs, que declaró una vez, para favorecer a Castro, que, “en aquella Cuba nos daban cucarachas a los negros para comer”, que tomó terapias para perder “el miedo a montar aviones”, porque el club consideró que ahí estaba el detalle de su miedo en el terreno, sin embargo, nunca recibió la ayuda para controlar el temor hacia los bates de Berra y Hank Bauer, que se convirtieron en sus “cocos” en tierra, lo mismo en Yankee Stadium que en Ebbet Fields.

Los 60’s, incluyo 1959, por la capacidad de juego de Maury Wills, de Roseboro, de Willie y de Tom Davis, más el desempeño de los tremendísimos Koufax, Drysdale y Perranowski, les cambió la cara a una ganadora 3 veces: 1959, 1963 y 1965, sin embargo, no pudieron en 1966.

La gran época de los Esquivadores fue la llamada de la “sicodelia”, de influencia Beatle, de protestas por la guerra de Viet Nam y de crecimiento del antiamericanismo liberal en los altos centros docentes del país.

Con Lasorda, a quien conozco personalmente, no puedo dejar de considerarla sino una etapa de miserias de los Dodgers, pese a las victorias contra unos Yankees que ya no tenían personalidad y contra unos Atléticos de riñas personales, chismes y chanchullos entre sus jugadores, instigados por Tony La Russa, que les impedían el trabajo en equipo.

El ex pitcher del Marianao y del Almendares en Cuba fue un manager motivador, pero un desastroso estratega, además del responsable de arrancarle el brazo a Valenzuela y a Hershiser.

Los Dodgers que acaban de perder contra el San Luis la serie de liga, superiores en la plantilla a los ganadores, regresaron al punto cero de poco coraje y combatividad, agravado por la pérdida del team work, porque jugaron divididos en cuanto a la actuación de Puig, al que elogiaron y le tuvieron en cuenta su decisiva contribución un par de jugadores, mientras el resto rumiaba su odio visceral contra el desempeño del cubano hasta públicamente.

El fenómeno zurdo Clayton Kershaw (foto) no pudo recuperarse de caídas muy apretadas y recibió una tanda de palos en el juego que los eliminó, pero ya estaban moralmente derrotados.

Hay equipos de maldiciones, pero los Dodgers, con una historia negra de poco coraje, con una década de verdadero prestigio, la de los 60’s, ni si doblan la exagerada inversión en su plantilla podrán ganar, porque sus peloteros pudieran convertir en rutina la baja pasión contra una influencia positiva como la de Puig este año, por eso estuvieron al garete, sin garra y sin team work en la serie que no podían perder.

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