EL MEJOR PELOTERO…

pedroia collage

Por Andrés Pascual

Lo común hoy es clasificar como “lo mejor del beisbol al que más batee”, herencia maldita del relajo que impuso MLB con el permiso por la izquierda al uso de esteroides.

Antes no era así, el mejor bateador era eso, el que más bateaba; el mejor pitcher el que más juegos ganara con el mejor promedio de carreras limpias…

¿El mejor pelotero? el que más caliente jugaba, con buenos números, pero con pasión y entrega absoluta, con la chispa para “arrancar las calderas del central Chaparra”, por eso el mejor en el período 1936-1950 fue Dimaggio, porque no se puede ser el mejor sin pensar ni sin correr.

En Cuba, período castrista, hubo dos peloteros con más condiciones que estos que han llegado últimamente, pero no los destacaba su inteligencia, podían batear, fildear, tirar y correr las bases, pero no liderar al club ni al fanático, además, Luis Giraldo Casanova y Omar Linares le tenían asco a la carrera ganadora y la dejaban en la base para que otro con menos escrúpulos se hiciera cargo del compromiso.

Pero antes hubo una prensa de “Padre y Señor mío”, como Dan Daniel o Shirley Povich; unos entrenadores que ya quisieran hoy, como Mel Harder, del Cleveland en pitcheo, que iba a Cuba a darle clínicas al Almendares y dejó una biblioteca de conferencias de la que se adueñó Espinacas Ealo, por lo que todos “sus alumnos” del Fajardo creían que era “un Dios del juego”, o como los entrenadores de outfield del Brooklin, que enseñaban a tirar a los jardineros de brazo flojo y los nivelaban para la dura competencia de las extintas Grandes Ligas y el cubano Edmundo Amorós fue un caso.

O managers que “se las sabían todas”, para  los que había que jugar como exigía el nivel, tan bigleaguer en la práctica como en lo intelectual del juego.

Que pocas veces demoraban o aceleraban sin fundamento un cambio de pitchers. Claro que no les impusieron nunca un regimiento de inútiles “tira piedras”, gente que vive de un raro welfare por integrar una rotación de Grandes Ligas en niveles de millonarios. Tiempos pasados.

Pero aun así, a pesar de la forma como la oficina maltrata el juego, debería existir en la prensa y en el público el respeto, punto de vista decente de realidades inobjetables: el mejor bateador del beisbol es Miguel Cabrera, sin embargo, no es el más efectivo “a la hora buena”, como tampoco es “el mejor pelotero”

Hasta hace un par de años, lo mejor del beisbol era Derek Jeter por  su
capacidad superlativa, por su brillo a la defensa y a la ofensiva y por su chispa, siempre encendida, en función de la jugada que fuera.

Al modo mío de verlo, hoy el mejor pelotero es Dustin Pedroia, miembro del nuevo equipo Casa de David, el intermedista del Boston que hace un club él solo, que ha sido Novato del Año y MVP en la temporada del 2006, que batea con autoridad para .302 en 8 campañas y que ha tenido muchísimo que ver en que su club esté en la Serie Mundial contra los Cardenales.

El out de Fielder al intentar regresar a la tercera luego de una mala dirección en el seguimiento de la jugada del coach inicialmente y del propio jugador después, se produjo porque Pedroia siempre está “en la bola”. Este peloterazo vale el club y, posiblemente, dos más.

Si los jugadores de hoy fueran como Pedroia solo al 75 %, esta pelota pudiera disfrutarse como antes, cuando el 90 % de los peloteros eran entre 90-100 % iguales que el camarero de Los Medias Rojas.

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