El club, la ciudad y la Media

valenzuela sport illustraded
Por Andrés Pascual
La “Fernandomanía” fue única en su género: un pitcher joven, dominante a los 19 años en el Viejo Circuito, que llegó a una franquicia que necesitaba, a como diera lugar, reactivar con guarismos positivos la pasión que como uno de los equipos más importantes del beisbol, tuvo siempre.
Cuando Fernando Valenzuela llegó a los Dodgers de Los Angeles procedente de México, logró incorporar al club a toda la fanaticada en el orden paisanista de una zona del país en la que se ubica la mayoría de ellos.
Los Dodgers hicieron un buen negocio con el traslado desde Nueva York a California, porque los Mulos acaparaban todos los beneficios posibles, pero perdieron la fanaticada de la Gran Urbe, que se adaptó a vivir sin ellos y sin los Gigantes y se resignaron a la continuidad de los Yankees y a la “nueva” franquicia Mets de Nueva York. Todavía Flushing no se ha recuperado de “la pérdida”, por lo que cada año, cuando se cumple un aniversario del traslado, piden de vuelta “al club que nos robaron”
Dicen que los Esquivadores lograron el parque por un dólar como parte de la retahíla de promesas cumplidas que, hasta hoy, tal vez hayan igualado otros clubes, pero no superado.
Este año tienen un novato sensación, prometedor, pero, como siempre se obliga a contemplar ante los reclutas por bien que luzcan, hay que esperar, porque el cubano Yasiel Puig todavía no tiene 100 turnos oficiales al bate, sin embargo, luce un mundo de facultades con carácter competitivo, costumbre que parece que no han perdido los antillanos de la Mayor de las Islas a pesar del castrismo: el joven de 22 años le entró a las Grandes Ligas como si estuviera jugando en su pueblo, etiqueta histórica del pelotero cubano (debajo, Puig y Céspedes, del Oakland)
Sin embargo, el impacto Valenzuela luce lejos de que se produzca otra vez con el rightfielder, no porque no valga la pena pagar los descomunales y abusivos precios de entrada para ver jugar a Puig que, además, es pelotero de posición, contribuyente de juego diario a la posibilidad del team.
El fenómeno Valenzuela fue la combinación del elemento deportivo salpicado de inmundicia político-social: un mexicano, es decir, un representante de la nacionalidad auto-considerada expoliada por Estados Unidos, precisamente en “su territorio robado” al Norte del Río Grande, en control del alma de un club insignia de las Grandes Ligas, igual a “pisoteamos a los yanquis con cada screwball del zurdo”.
Yasiel Puig puede batear, fildear y correr todo lo que quiera, incluso emular a Willie Mays, pero no va a igualar la magnitud del fenómeno Valenzuela en el Oeste del país, porque no es mexicano, y eso que llega a los Dodgers en un momento muy parecido a aquel 1981 por el desánimo y el juego perdedor sin personalidad.
En este caso, el club quedará otra vez en segundo lugar en importancia en cuanto a encumbrar y promocionar a un jugador de facultades no mexicano.
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