LIBRO JUDÍO Y PERIODISTA DOMINICANO CONTRA EL BEISBOL

Por   Andrés Pascualtris speaker hornsby 1927
Lo que   se traen con el Beisbol Organizado es un peligroso relajo. La impresión es de   falta de respeto en los límites del concepto conspiración para enterrarlo   desde supuestas posiciones de arreglo o saneamiento del ambiente.
Nadie en   instancias superiores, que deberían estar más interesados que cualquiera en   limpiar el nombre del pasatiempo que todavía citan como “nacional”; que está   en ese nivel en Estados Unidos porque es el mejor, el más bello y el más complejo   de todos los que se juegan con amplia demanda popular en el mundo, se ponen   de acuerdo en qué hacer para que el juego salga del tremendo bache en que le   metieron los elementos que lo componen, con fuerza y moral suficiente como   para volver a levantar la cabeza que nunca debió bajar por conceptos de   vergüenza y desmoralización.


Pero el   béisbol es noble, es el deporte que ayuda a formar la personalidad de niños y   jóvenes como hombres de bien, útiles para la sociedad. Los malos son los que   lo dirigen que, por intereses turbios, siempre relacionados con el   enriquecimiento personal, han sido capaces de establecer los mecanismos que   tienen al juego de las bolas y los strikes en cero y dos sin oportunidad de   sacar el bate.

Tal   conducta de estos nuevos caballeros de la infamia, como aquellos que, con un   apretón de manos oficializaron la criminal prohibición al pelotero negro de   jugar en el béisbol de los blancos, es la más grave agresión contra este   juego desde la reunión de imbéciles de ideas trogloditas que impuso la   barrera racial.
La   actitud de los “padrecitos” del Béisbol Organizado arrastró a los jugadores   de comportamiento irresponsable al uso indiscriminado, durante varios años,   de las sustancias de crecimiento ajenas a la naturaleza humana: Ken   Caminitti le contó a Sports Ilustraded que, el año en que ganó el MVP de la   Liga Nacional, 1996, actuó esteroirizado de la cabeza a los pies. Y su muerte   prematura se relaciona con el uso de estas sustancias nocivas al organismo,   cuando no las controla un facultativo bajo tratamiento periódico.
En la   historia del consumo de esteroides masivamente y con permiso, incluso   imposición de sus Comités Olímpicos, están los atletas de países del ex Pacto   de Varsovia, cuyos-as atletas las emplearon de forma tan desordenada que, de   igual manera que en Montreal-76 cayeron los records mundiales bajo las   brazadas de las sirenas germanas del Este, encabezadas por Kornelia Ender,   han ido cayendo, mordidas por enfermedades mortales derivadas de esa   aberración a destiempo por lo jóvenes, la mayoría de aquellas nadadoras cuya   clase se hizo en laboratorios químicos.
La regla   # 5 en los estatutos de votación al Salón de la Fama del Béisbol atiende a la   conducta y la personalidad del jugador; es decir, al carácter moral del   individuo y, según se plantea, es de tanta importancia como el rendimiento   atlético: integridad, deportivismo y virtudes ciudadanas…pero, ¿Se podrá   cuestionar a los que están ya elegidos que violaron normas de comportamiento   incluso de carácter grave “en estos tiempos”? Vamos a ver, un presidente   “liberal”, (¡Que palabrita tan rica en significados!) casi pierde su puesto,   el principal oficio de la idolatría infantil de este país y espejo principal   en su perfil laboral, por un espectáculo decadente de sexo infiel e   irresponsable dentro de sus oficinas…
Alcaldes   fumando marihuana u oliendo cocaína que renunciaron y luego regresaron a sus   puestos públicos, porque el ciudadano corrupto, aparentemente y como en   cualquier país latino, supera la decencia necesaria que corrijan ciertas   cosas; Barack Obama casi no puede hacer su gabinete, porque la mayoría de sus   proposiciones tenían actividad delincuente con el Servicio de Rentas   Internas; muchos otros políticos renunciando por asuntos de faldas, incluso   estando casados; los pomposos de las finanzas metiendo al país en una crisis   de proporciones siderales…
Entonces,   en medio de un panorama sociopolítico tan corrupto y desolador que se   desarrolla en espiral, ¿A quién le puede importar el capítulo # 5 de los   estatutos de Cooperstown?
Sin   embargo, todavía interesa: de buena fe para aleccionar a los que lo   quebrantaron y de mala para justificar a los que lo violaron, con mayor peso   para la dirigencia del béisbol, Sindicato de Jugadores incluido y con gran   responsabilidad en el asunto..
El único   libro que es positivo al asunto de los esteroides, a pesar de la personalidad   de José Canseco, es “Juiced”, y solo será tenido en cuenta por lo que   representa para el béisbol si se crea una política que, de buena voluntad,   contribuya a erradicar el problema y crear normas legales justas que incluyan   a los “padrinos o protectores” de los infractores también.
Pero el   libro “CONFIDENCIAS DE COOPERSTOWN” es una contribución a convertir en un   caos el problema dentro de la fanaticada; a través de la peor defensa posible   de los pecadores de hoy, un monumento a la confusión en un momento en que se   debe estar más claro que el agua para enfrentar el flagelo…

El autor   de “Confidencias de Cooperstown”, el judío Zev Chafets, oriundo de Michigan y   de 62 años, se trasladó a Israel en 1977 y el Primer Ministro Menahem Beguin   lo nombro J’ de su staff de Prensa, se le considera, muy a lo americano, “un   espíritu de polémica”.
Algo que   valió la pena, porque ha tenido aciertos dignos de analizarse, cuando murió   el colegial Edward Said, dijo: “…no fue el arquitecto del 9/11; pero, sí de 9   de doce incapaces de comprenderlo…si bien no podrá optar por ninguna de las   72 vírgenes, alguien le traerá un par de hembras doctoras para su disfrute,   ¿Qué menos?”
Yo no sé   cuál es la razón del libro contra el béisbol de Chafets; no lo entiendo en   medio de la crisis más peligrosa de los últimos 90 años de este deporte.
Porque   no es una defensa del béisbol, incluso, aunque pretende venderlo así, no es   una defensa del jugador de hoy ante la imposibilidad de acceder a Cooperstown;   entonces, ¿qué es?
Ya   sabemos que el tipo está considerado como un “espíritu de polémica”, que son   aquellos que gozan con la discusión aun de cuestiones muy peliagudas, las   conozcan o no. El alimento del ego de estos individuos radica en soltar una   bomba, virar la espalda y disfrutar porque alguien diga: “…¡Cómo sabe ese   hombre!”
No es   saludable desempolvar que Tris Speaker y Roger Hornsby (en la foto ambos) fueron miembros del   KKK, ya se sabía ni que Ty Cobb pudo haber matado a alguien, se ha conocido   en películas ni que Cap Anson también era un racista (fue el primero que se   negó a enfrentar a un club con un jugador negro: el pitcher canadiense George   Stovey) ni que Ruth era un díscolo, que también se sabe y se considera la   verdadera causa de su traslado a los Yanquis; pero es una amoralidad incluir   a Mickey Mantle como usuario de esteroides hace 40 años y, por cosas como   estas, es el tipo de gente que contribuye a granjearle el tremendo odio que   le tienen a Israel en el mundo occidental.
Todavía   hay más cosas harto conocidas: Ty Cobb y Ruth estuvieron bajo pesquisas por   arreglo de juegos y el propio Landis desechó las acusaciones “como sin base   lógica ni legal”; o que el propio Landis recibió de su padre el nombre del   medio como homenaje a la batalla en que, peleando por el Sur, perdió su   pierna: “Mountains”; que tanto Landis como Happy Chandler fueron racistas,   opuestos a los juegos que organizaban Dizzy Dean y Satchel Paige entre   estrellas negras y blancas; que el Juez que salvó el béisbol se “incluyó” por   cuenta propia en el Salón de la Fama y que el consorcio que le compró el alma   a 8 jugadores de los Medias Blancas de Chicago, era un grupo raquetero de la   ciudad del gángster Rothstein, como Chafets, hebreo.
Sin   embargo, nada se dice de los escándalos en que se ha visto envuelto otro   judío, orquestador con el Sindicato del escándalo de esteroides y figura   visible y principal del poder en el Béisbol Organizado, de Bud Selig, ni de   los Mellizos de Minnesotta ni de los Expos de Montreal se habla; tampoco de   la manera cómo concluyó un Juego de Estrellas por decreto, sin ganador; ni,   mucho menos, como estuvo de acuerdo, hito único en la historia de las Grandes   Ligas de un deporte que ni la Segunda Guerra Mundial alteró su calendario, en   retrasar de mutuo acuerdo con un candidato, hoy presidente al que ni le gusta   ni le importa la pelota, un juego de Serie Mundial con propósitos personales   y partidistas de promoción política.

Entonces,   ¿Para qué sirve el libro de Zev Chafets? A mi modo de ver, para denigrar al   béisbol, para contribuir más a la crisis; para confundir al fanático, que   exigirá que se coloque en el recinto a estos violadores de la Regla # 5 de   hoy, paso de primerísima importancia, si ocurriera, en la destrucción del   béisbol y en su separación como poderosa atracción de taquilla del objetivo   didáctico hacia la niñez y la juventud que todo deporte de multitudes   representa.

Selig   aparenta una encomienda del mal para liquidar al béisbol junto a los dueños y   a los “lideres” del Sindicato de Jugadores; igual que se dice que el Juez Landis   salvó al béisbol, en el caso de Selig, tal vez un día se hable del tipejo que   hundió el pasatiempo nacional americano…todo está en que lo dejen.

Republica   Dominicana, que parecía que luego del retiro de por lo menos 6 peloteros se   convertiría en el máximo exponente de nombres hispanos con categoría inmortal   en Cooperstown, de pronto y por efectos del problema de los esteroides, ve cómo   Marichal y Pedro pudieran permanecer sin escolta de paisanos quién sabe por   cuánto tiempo.
Sin   embargo, Enrique Rojas, comentarista quisqueyano de Espn deportes y de   Espn.com no ha encontrado más sabiduría ni mejor intención como contribución   a la solución de la crisis que exponiendo, para que todo el mundo los   entienda, algunos aspectos del libro malintencionado de Chafets.

Yo estoy   completamente convencido de que más de la mitad de lo que dice Chafets, harto   conocido por todo el que con responsabilidad trata asuntos de pelota, Rojas   no lo conocía; ni tampoco las otras que están publicadas en mil documentos y   artículos de revistas, de libros…
Ese apoyo   al libro a través de un artículo en su blog no pretende sino ayudar a “los   suyos”, porque son los que, mayoritariamente, se han encargado, al consumir o   inyectarse el producto prohibido en mayoría en América Latina, de lucir en el   terreno, desfachatadamente y sin valores deportivos reales, condiciones   superiores a Williams, a Cobb, a Ruth…
Este   problema de los esteroides tiene un par de aristas: condenable, usarlos; peor   aún, mentir, como Palmeiro, Sosa, Bonds…hasta el último, David Ortiz, que se   cae para atrás negando que alguna vez los consumiera.
Quedan   más de cien nombres que dieron positivo en pruebas del 2003.

Cualquier   política de saneamiento ambiental debe tener, como primera condición, dar a   conocer los nombres que quedan y no dejarle a un periódico el conteo, tal los   números de una lotería de la muerte.
Si no se   dicen todos los nombres, habría que pensar que alguien los tiene en calidad   de rehenes para asuntos como chantajes, imposiciones o quebrantamiento del   orden si fuera conveniente.
Lo otro   que se debe hacer es desacreditar a mentalidades grises, como Zev Chafets,   por lo nocivo que representa, ante un serio y critico problema como el que   atraviesa el pasatiempo nacional, un libro que ni educa ni ensena ni, mucho   menos, se le puede aplaudir acorde con su mentalidad de “espíritu polémico”
También   hacer lo mismo con defensores-agresores del pasatiempo como el comentarista   de Espn deportes Enrique Rojas, al que se le debe sugerir que lea más sobre   el béisbol de todos lados, para que no lo tomen sorprendido acontecimientos   que, en Cuba, por lo harto conocidos y por lo antiguos, les decimos“PELOTA   VIEJA”

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