PEDRO, GRANDE POR BUENO Y POR GUAPO

pedro boston wind-up

Por Andrés Pascual

La primera vez que vi a Pedro Martínez pitchear acababa de ser enviado por los Dodgers al Montreal porque, aparentemente, nadie en la Organización de Lasorda tuvo el mínimo de olfato prudencial para sugerir que estaban “botando” a uno de los mejores pitchers derechos de la historia, entonces tenía una velocidad respetable (orden 96-97 millas), pero, como alguna vez le escuché referirse a Luis Tiant sr a los lanzamientos en recta que “se mueven”, acaso por la forma como se agarran las pelotas para enviarlas, por efecto del aire o por ambas cosas combinadas, sus disparos era “jíbaros”, porque no había quien los golpeara.

En su mejor momento físico-deportivo, este hombre dominaba más que Clemens, porque Pedro casi alcanzó la categoría de “imbateable”, más usado como exageración del dominio que por aplicación realista.

El cambio de Pedro Martínez, su inteligencia, el dominio de la zona de strikes, su slider y su capacidad superlativa de imposición para infundir temor, fueron una marca registrada entre hispanos, solo comparable a su paisano Juan Marichal.

Con Pedro hubo un gran problema de decisión para bateadores de HOF incluso, consistente en ¿le tiró o la dejo pasar? Si le hacían swing no la encontraban, pero, si no, porque aparentaba ser un lanzamiento bola, seguía rumbo a la mascota del catcher como otro strike por el ángulo que delimita el bueno del malo para el chief-umpire.

El gran pitcher dominicano acaba de reconocer que golpeó intencionalmente al 90 % de los bateadores a los cuales “tumbó”. Modestia aparte, nunca lo dudé.

Cuando un pitcher fue corajudo “old fashion” como Gibson, Drysdale o el propio dominicano, capaz de evitar “el boleo” gratis a un bateador por muy grande que le  colocaran el nombre en titulares; cuando se resistió a entregársele a  un artillero para no convertirse en la víctima número X, sometida como el soldado que entrega su posición en el frente, no hay que esperar que diga que golpeó con intención de mantener el orden a su favor, que es lo que significa realmente, para que el cuidado por su integridad física alcance niveles de máxima preocupación y lo desestabilice en el home-plate, provocando que le tire a la mala, o que deje pasar la buena.

Esta declaración de Pedro fue otra prueba de coraje, porque nunca se sabe cuándo ni si los “sabichosos” puedan usarla en su contra. Como que el tremendísimo hurler no está en Cooperstown y esta gente suele ser tan grosera y poco conocedora (no hay peor mal que darle algún poder, cualquiera, a quien no lo puede emplear, o lo utilice erráticamente por lo poco que conoce), capaces de fabricar barbaridades de ingenuos con mala intención, pues, nadie sabe cómo pudieran tratar al pitcher cuando le llegue su turno.

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