EL COMPROMISO DE UN HÉROE: LA VICTORIA DEL HEAT

Por Andrés Pascual

Parecía que la famosa frase de Lebrón James cuando lo firmaron, “Voy a llevar mi talento a Miami Beach”, quedaría como otra de las tantas “palucherías” de más de un ídolo que nunca pudo cumplir a cabalidad la proposición ante la responsabilidad por encargo.

La campaña ante-pasada el fanatismo superó la cordura y muchos cuestionaron a la gerencia del club por haber desperdiciado el dinero con un jugador que, “tal vez sí, pero, posiblemente no…”, entonces, delante no solo de una leyenda del básquet, sino del más importante jugador de la era moderna de este juego, incluyendo a Michael Jordan, Bill Russell, la capacidad, el empuje y la clase del mejor jugador de la NBA se impuso para ratificar que su camino a la grandeza de los inmortales de verdad está totalmente despejado.

Porque hay razones que aplastan, como en el balompié, como en la NFL, incluso en las Grandes Ligas o en cualquier deporte, es muy difícil abrirle espacios de categoría sublime dentro de la leyenda a quienes no puedan exhibir un anillo, una copa, una faja, una medalla de campeones mundiales, porque la competencia se inicia buscando ese objetivo y el éxito total es conseguirlo.

Este año hubo momentos en que el quinteto miamense sembró dudas sobre su clase, sobre su cohesión, sobre su dirección y sobre la capacidad de juego colectivo que fueran capaces de desarrollar su trío dorado; entonces cuestionaron a Wade, a Bosh y casi acaban con Lebrón, para ese momento, ya el fanático había desacreditado totalmente al banco del club y a los dos jugadores restantes que componían el quinteto. A Spoltra, incluso a Riley, les recomendaban la muerte en la hoguera al estilo del crimen musulmán contra los cristianos en el África tan bárbara y cavernícola hoy como ayer.

Sin embargo, como secuela de una campaña irregular por la huelga, tal vez al club de casa le costó más tiempo entrar en juego competitivo que a otros, eso sucede.

Incluso durante los primeros playoffs, no lucieron como el fuera de liga que realmente son y, cuando se anunció la final, todo el mundo, preferentemente la crónica del sector, veía a Oklahoma cometiendo una verdadera masacre contra el Heat.

Ya no hay sabios en la prensa, todos han muerto y yo diría que en cualquier deporte, porque cuando se tiene agudeza de análisis ni se puede desacreditar a un jugador como han hecho con Lebrón y, en menor grado con Wade, ni descartar antes de que el primer tiro de la serie atraviese, de arriba abajo, el cesto.

Mención especial para el veterano defensa Mike Miller, cuya lesión en la espalda posiblemente le obligue al retiro y cuyos 23 puntos y 7 tiros buenos de 3 de 8 efectuados, lo colocan entre los héroes de finales en la historia del circuito.

Mario Chalmers lució muchísimo al extremo de que lo calificaron como el héroe del 4to partido, hizo 10 puntos. Shane Battier adicionó 11.

La Serie la perdió el Thunder cuando dividió la apertura en su casa, viajando a Miami con la perspectiva de que, con un esfuerzo titánico, se pudieran enterrar sus esperanzas en territorio enemigo y así sucedió.

El Heat de Miami tiene que moverse en el draft, tiene que reforzar posiciones, pero, lo que nadie puede dudar, es que poseen el núcleo que hace falta para iniciar una dinastía en la NBA, encabezados por Lebrón James, que le tapó la boca a todos los sabios de galería, incluso de la prensa que, ciegos por auto-imposición y sordos de cañón, no solo escasearon de la fe necesaria, sino de la capacidad analítica obligada para evitar el ridículo.

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