Pueden callarse, pero tienen que ganar

Por Andrés Pascual

Los Cardenales de San Luis decidieron no hablar con la prensa; según dijo

Lance Berkman, “eso siempre ha quedado de parte del manager y nadie nos
dijo (fue después de perder el segundo juego), que deberíamos estar listos para
entrevistas”. Momentos antes había expresado que esperaron durante un
tiempo no especificado y la demora los obligó (mejor cansó) a irse… ¿Cómo se
puede entender eso? ¿Esperaron porque sabían que serían entrevistados o fue un
gesto fortuito de buen samaritano?


Está bien, no quieren hablar y eso debe ser parte de la estrategia de Tony Larussa ante las preguntas que le cuestionen como elemento de importancia en las tres primeras derrotas del club, porque este individuo, por su comportamiento, cree que inventó la plaza de trabajo que ocupa.

Entonces las Oficinas del San Luis se aparecen con que su principal prioridad es retener
al manager; mientras, pueden perder, a través del movimiento mercenario  (agencia libre) a Al Pujols. Sinceramente, por esa sola expresión debería firmar con otro club el quisquellano; pero bueno, Larussa ha demostrado que selecciona “niños lindos” y, en esta época, el inicialista está cumpliendo su función como antes lo hiciera Mark McGwire, por
lo que Pujols pudiera sacrificar su precio de mercado por continuar jugando al
“hijo del abogado” que manda el juego y esto es un entredicho, pero razonable.

Yo fui cardenal siempre, en las buenas y en las malas, mis ídolos fueron
cardenales más Mickey Mantle, los cubanos pre-castrismo y varios jugadores
boricuas; además, Luis Aparicio, César Tovar, Pompeyo y Vic Davalillo, Héctor
López y Juan Marichal; sin embargo, desde que se hizo cargo de los Cardenales
Tony Larussa, jamás he vuelto a simpatizar con la Pandilla del Gasómetro, sobre
todo, porque trajo a McGwire al club e hipotecó el juego tradicional de ese
equipo y por el escándalo de los esteroides, que si no nació en Oakland, fue
allí donde más visible como club se hizo, con él como manager.

Tony Larussa comprometió la moral de los Cardenales en ese desastroso capítulo
negro del beisbol, de forma tal que la novena de Musial y Gibson no quedó
incólume por el pecado.

Si los Cardenales lo desean, que no hablen; pero tienen que ganar, porque mudos y
perdedores sería insoportable para poder escribir otra vez sobre ellos de forma
neutral y objetiva.

Los Cardenales tienen que ganarle a Texas la Serie Mundial, o sería la más monumental falta de respeto de una gerencia que no merece que la historia del club la represente con ese nombre, además, sacrificando al mejor bateador de su generación vía agencia libre.

 

 

 

 

 

 

 

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