Siempre he sido cardenal, pero…

mike gzlez cardenales

Por Andrés Pascual

El club cubano Leones del Habana funcionó durante los 50’s como una
sucursal o campo de trainning previo y extendido de jugadores de prospección
importante de los Cardenales de San Luis.

La franquicia del slogan
“La leña roja tarda, pero llega”, era propiedad, desde principios de
1940, de Miguel Angel González, reconocido como el más grande símbolo de “la
sapiencia” en la pelota cubana, catcher por 20 años en grandes ligas; coach de
tercera y manager interino, dos veces, del equipo de la Liga Nacional que
derrotó al Boston con un corring suicida y espectacular del Campesino Enos
Slaughter, ordenado, digan, por el cubano
desde tercera. Fue en 1946.

Van Noy, Virdon, Ken
Boyer, “Vinnegar Bend”…muchos fueron los jóvenes que llegaron a
Cuba, jugaron, gustaron y el reporte de Mike les abrió de par en par las
puertas del spring trainning del club; incluso les dio la posibilidad de estar
el “opening day” con la famosa organización como miembro del róster.

Quizás fueron los
Cardenales el equipo de Grandes Ligas que más veces visitó a Cuba y, si no
existe una frase-reflejo del amor por este club en la Isla, debe ser porque el
Cincinnatti fue el primero que presentó cubanos en las Mayores, además, como
parte de su rotación, se impuso la clase sin cuentos de Papa Montero, por lo
que allá se le reconoció siempre, hasta 1960, como “el Querido
Cinci”.

El éxito de los
Cardenales de San Luis desde 1926 no lo lograron al estilo Yanquis de Nueva
York, o Brooklin de los 50’s, con bateadores capaces de demoler un estadio por
lo poderoso de sus conexiones de largo metraje; aunque muchos de los mejores
bateadores de la historia jugaron en la novena: fue la identificación inmediata
con el juego rápido y agresivo, de pie en el acelerador, el sello de distinción
del club: una base más por las piernas y, la otra, por el tiro nervioso y
desviado…eso fueron los Cardenales de San Luis siempre a la ofensiva, con un
sistema de defensa protegida por el pitcheo corajudo, capaz de hacer las cosas
como se tienen que hacer cuando se lanza en Grandes Ligas, desde Alexander en
el Clásico de Octubre de 1926, hasta Gibson en 1964, 67 y 68, pasando por los
Dean, Howie Pollet o Gato Breechen.

La transmisión oral me
hizo fanático de los Cardenales en Cuba desde niño; aunque soy un
“ferviente raro”, porque no me apasiono y mucho influyó un gran amigo
de mi padre, el abogado Rogelio Fors Catá, con sus historias sobre el San Luis
en La Habana, sobre Musial, sobre Mize, sobre Terry Moore, Wayte Kurowski o los
hermanos Cooper, símbolos de la capacidad del juego agresivo, de amor por la
fanquicia y de respeto por el respetable. De cuando dos hermanos decidieron
actuar como catcher (Walker) y pitcher (Morton), en un juego de Serie Mundial,
ganarlo y salir acompañados de todo el club hacia la funeraria en que velaban
el cadáver de su padre. Eso eran los Cardenales de la historia magnifica de
grandeza de las Mayores: parte importante por su contribución.

El sello de la decadencia
llegó al beisbol con su presencia agresiva e inevitable en todo el espectro
social: ni los Yanquis son los Yanquis ni los Dodgers tampoco, en realidad
nadie puede explicarse qué pintan en Grandes Ligas con respecto a su historial
heroico y brillante. Tampoco los Cardenales son la Pandilla del Gasómetro, que
hacía temblar al club y a su público que los debía enfrentar por la Liga
Americana y hasta su juego cambiaron…

Las generaciones
modernas, poco dadas a investigar la historia de cualquier cosa, hechas a base
de la película de Lucas o de Spielberg y del jueguito conque los japoneses han
ocupado a este país, no han sido capaces de reconocer que los Cardenales de San
Luis no juegan de acuerdo a su historia: si bien este año hubo destellos por la
forma como se recuperaron desde una diferencia de 10 juegos en agosto para,
finalmente, imponerse al Milwakee y estar en la Serie Mundial; nadie puede
dudar que, desde la contratación de Larussa como manager, el juego que impera
es el del rompecercas, iniciado cuando al ex manager del Oakland se le ocurrió
imponer a McGwire como toletero facturado en laboratorios químicos. En este
asunto de esteroides, Tony ha tenido mala suerte, porque fue con Oakland, bajo
su tutela, que se se inició la práctica a gran escala del proceso de conversión
a supermanes por medio del estimulante prohibido y fue en San Luis que Mark rompió
el récord, si se puede considerar decente tal hecho, de jonrones de Roger
Maris. Después no se ha podido saber más sobre cuántos de los jugadores bajo su
protección pudieran estar implicados, porque las voces que cantan la lotería de
la muerte dejaron 100 culpables pendientes de aprobación nadie sabe por quién,
para continuar descubriendo el fraude. Tal vez lo que sucede sea que, entre esos,
queden varios que resultarían el remate del beisbol sin ningún tipo de defensa
posible.

Entonces hoy no juegan a la velocidad como antes ni sus staffs son completos como antes y me refiero a
calidad. Aunque a Larussa le adjudican el invento notorio del uso
indiscriminado de los relevistas, no es menos cierto que no ha hecho brillar al
club que estará ante Texas en ese departamento.

Ojalá me equivoque, pero, como los Yanquis, como los Dodgers, como todo el beisbol de
hoy, estos tampoco son los Cardenales, sino otro club mas ahí…

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