Cuando no gana nuestro equipo

ortiz jonrón detroit

Por
Andrés Pascual

Leí,
escrito por un cronista americano de ESPN, que Tampa llegaba “cansado” al
playoff inicial, ¿Será posible, Señor, leer algo así?

El
dilema histórico es que, mientras la victoria es hija de la promiscuidad por la
cantidad de padres que la engendran, la derrota es huérfana.

Tampa
“cansado”, es decir, en juego porque no se ha enfriado por el descanso del que
asegura con antelación algo más que prudente, quizás signifique “perdieron sin
competir” para algunos; pero ya metieron el primer “papazo”.

En
Boston le tiraron las puertas en el hocico a Terry Francona y de nuevo aflora
el viejo concepto que, posiblemente, haya que adecuar a esta realidad: “con la
derrota se borran las glorias y se ponen en entredicho hasta las memorias”.

En el
beisbol, cuando no gana el mío, no importa cómo fue el comportamiento
contrario: esa novena solo podía caer por errores del manager, que demoró al
abridor y, como si no fuera suficiente, trajo a un relevo poco confiable. O
porque no tocó una bola en el sexto…o porque las oficinas no previeron la
debilidad del banco para una jornada tan larga como 162 juegos…

El
caso es que pocos miran hacia donde se debe; hacia lo que hizo el ganador por
cuenta propia; hacia la forma como empleó a su favor cada error del contrario,
porque se han dado casos en que un club cometió tantos errores en uno, dos,
tres juegos como para hacerlo moralmente desmerecedor del triunfo, sin embargo,
el contrincante no pudo o no supo sacar provecho y cayó.

Casi
siempre, los equipos que se cuelan por “el hueco de una aguja” a la fiesta que
no se les invitó son muy peligrosos, por aquello de jugar sin la presión de los
que tienen las billeteras tan abultadas que no cabe un miserable centavo y no
“pueden perder”.

El
Boston no podía perder y, como no pueden botar a 15 jugadores y a media oficina
ni cambiar la mentalidad enfermiza de su fanaticada, pues resolvieron el
problema convirtiendo en chivo expiatorio a Terry Francona. Siempre ha sido
así.

La
cesantía de Casey Stengel en 1960, después de perder la Serie mundial contra
los Bucaneros en 7 juegos, es un referente: de nada le valió al Viejo Profesor
ganar la Liga Americana; porque, lo rutinario, lo religioso casi es sacrificar
más que justificar lo que se tiene a mano o haga menos vulnerable al equipo y
para eso existe el manager, posición decisiva por la que los dueños dan la
impresión de tratar de imponer que cualquiera puede serlo.
Entonces al Tampa se le puede considerar “eléctrico”, calificativo que
emplean para el que “nunca debió estar ahí” y que les convierte en un peligro,
porque muy poca gente analiza la forma como jugaron los floridanos, con la
pasión y el coraje que lo hicieron. Por lo general, el camino de estas novenas
que se cuelan termina en la Serie Mundial y hasta ganándolas desde el comodín.

Sería
mas prudente, más decente y más consecuente con la realidad histórica del
beisbol que, en vez de culpar al Boston por lo que no pudo hacer, se reconozca
la labor de la dirección y de los jugadores de Tampa, de su público, quienes,
porque pasaron a la postemporada y de la forma como lo lograron, jugaron como
si estuvieran defendiendo el campeonato mundial y, la victoria en el primer
juego contra Texas, acaso vaya demostrando que pudieran serlo.

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