Ni leyendas ni luminarias del juego

Vinent

Por Andrés Pascual

Un grupo de jugadores
como el Duque Hernández, René Arocha, Osvaldo Fernández y Rolando Arrojo,
además de un resto suficiente para formar dos equipos, batallaron para hacer la
apertura de un capítulo nuevo en la ciudad de Miami con respecto al béisbol y
los juegos Old Timers o de Veteranos; porque, el ritmo rápido de la vida en
Estados Unidos, como que invita al olvido de que la tiranía castrocomunista
está instalada todavía Cuba desde hace 50 años, que fueron la misma cantidad
entre el debut de José de la Caridad Méndez en la pelota profesional cubana en
1908 y la llega de la horda al poder.

Erosionados por efectos de la edad y
las enfermedades los grandes jugadores profesionales cubanos de la época cuando
el dictador se robó todo en Cuba; impedidos por tal razón de salir al terreno
tal vez el 95 % de aquellos a jugar un solo inning, pues son los jugadores de
la era y de la pelota de Castro los que se han apoderado totalmente de un
espacio que, viéndolo bien, acaso les pertenece; solo que a medias.

Yo no veo mal que jueguen un partido,
tal vez dos al año; ahora, lo que si no acepto es que se apoderen del interés
ni de la representación de lo histórico de la pelota cubana, porque, a fin de
cuentas, son la negación de esos conceptos, hayan sido culpables o no de su
destino que, una vez, les deparó el nada agradable espacio de soldados
castristas y, definitivamente, nadie sabe si aún lo son aquí.

Hay que hacer un reajuste para los
equivocados; para los olvidados y para los utilizados voluntariamente en la
confusión que, de una vez, necesita aclararse: cuando Castro se robó el
andamiaje del béisbol cubano y liquidó el profesionalismo, en ningún momento
dijo que la pelota sería un vehículo para lograr un estado de vida superior al
del resto de la población; nadie dijo allí que un pelotero, por muchas
condiciones que tuviera, sería merecedor de algo por tal razón…y todos
contentos desde el primer día de febrero de 1962, con llenos de abarrote y, a
partir de ese momento, la generalización de la mentira oficial con respecto al
juego, que tuvo como voceros a quienes conocían las verdades también: el
triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava, sin promesas de retribución
monetaria o su equivalente por muchos juegos que ganará; por mucho que fildeara
o por muchos jonrones que diera un pelotero.

Fue eso, acaso única vez en su asquerosa
existencia, que lo que prometió lo ha continuado haciendo: la pelota, los
peloteros, los estadios, los enseres, la televisión, el radio, los narradores,
los periodistas y el público son míos, las reglas las pongo yo…y todo el mundo
apoyó con un gran aplauso y la continuada asistencia de abarrote al estadio.
¿Por qué le exigen hoy a Castro lo que se debió hacer más de 4 décadas atrás?
¿Por qué esos que le piden desde aquí que profesionalice el juego y al jugador,
como que hablan tan parecido a La Habana a la hora de defender esa pelota? ¿Por
qué no van a la raíz del asunto, que es la obligada remoción de todo el aparato
y la ideología castrocomunista del espectro nacional?

¿Por qué algunos se empeñan en llamar
lo que Castro hizo con el profesionalismo “errores cometidos”, como Marino
Martínez en el Nuevo Herald? ¿Quién dijo que fue un error la ejecución
milimétrica de un plan político-ideológico, tendiente a pisotear emblemas
tradicionales de la historia del país, cuyo objetivo fue asfixiar la identidad
nacional a extremos de crear un tipo de cubano que se confunde con la
nacionalidad?

“Todos los tiempos” para ese tipo de
cubano, son un límite de 49 anos; por lo que, muy frecuentemente, cuando se
refieren a la clase individual o colectiva a través de “lo mejor de Cuba en
todos los tiempos”, en realidad se separan de la nacionalidad con un concepto
de su propiedad, en el que no cuenta para nada el pasado de verdadera gloria
nacional cubana previa a 1960: lo mejor de Cuba en todos los tiempos puede ser
Víctor Mesa, Omar Linares, Luis G. Casanova…pero nunca Miñoso, Torriente, Tony
Taylor, Cárdenas, Camilo, Oliva…esos, para quienes solo son medio cubanos, no
existen… ¿Entonces?

Luminarias, leyendas del béisbol cubano
en el terreno de juego, no hubo uno solo en estos juegos de veteranos que mal
organiza una prensa hecha a la medida de la circunstancia en la ciudad; ahora,
promesas desperdiciadas, sí…tuvieron talento, condiciones para el juego que,
mayormente, a partir de que se demoraron muchísimo para dejar de creer en un
dios que todo el mundo sabía que era de barro, fueron ellos los causantes de su
propio problema; porque cualquiera de esos jugadores que integró equipos de
Castro a eventos internacionales, tal vez salió al exterior desde edad colegial
o juvenil y no tomó la alternativa del profesionalismo sino hasta pasados los
28 años, en algunos casos; en otros, los 33.

A fin de cuentas el tirano prohibió al
esclavo Almendares profesional y puso en su lugar al libérrimo Industriales,
sin pago ni beneficio; pero el pelotero, a través de más de 40 años, no se
quedó porque no le dio la real gana, o, ¿Sí?

Incluso hay un aspecto oscuro en estos
tiempos y es la forma como supuestos “supervigilados” boxeadores y peloteros
(los que lo estuvimos sabemos cómo es realmente), se van en medio de la más
absoluta tranquilidad, como el caso del pitcher Chapman, que inclusive mantuvo
su pasaporte y o el de otro lanzador, Maya, que dicen que fue detenido dos días
antes de irse.

Esta prensa, también recién llegada,
debería interesarse más por investigar cómo salieron de Cuba ¿Por qué los
Dodgers no se quieren envolver con ninguno de estos peloteros que llegan? Pero,
y de capital importancia, tratar de averiguar el papel de Antonio Castro, hijo
del sátrapa y Zar del beisbol, en todo este tráfico de peloteros a compañías
casi piratas de promoción.

Lo otro, tal vez algunos no sepan que
significan “leyenda” y “luminaria” y es necesario que efectúen una rápida
revisión del concepto, solo utilizables para nombrar lo máximo representativo
de lo que se trate; cuando se usa a libre albedrío, como hace, por aquí algunos
para clasificar a los peloteros castrocomunistas, más que desconocimiento es un
sacrilegio; un ultraje al propio significado y a las verdaderas leyendas y
glorias del béisbol nacional cubano. Si no lo cree, responda esto, ¿Conoce
usted a Andy Morales, a Rafael Rodríguez? ¿Esta en capacidad de considerar a
Arrojo,a Arocha…como “luminarias del juego? Tómese el tiempo que quiera en
considerar una respuesta.

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