Peor que las Series Mundiales Amateurs de la FIBA

Cuando, desde su falsa clasificación de amateur, dominaba los
campeonatos aficionados “la mejor pelota del mundo”, la de la tiranía
castrista, nadie ajeno a las fronteras de Cuba se disparaba aquellos eventos por
la desigualdad y el desnivel en el terreno de juego: un solo macho, Cuba, que
presentaba un pelotero que pertenecía al concepto con el que se nombraba a los
atletas de países del extinto Pacto de Varsovia: profesional de estado, porque
solo jugaban pelota, no trabajaban y cobraban un salario miserable asignado a
la plantilla de un centro de trabajo cualquiera.
Aunque sin contrarios aparentes, sin embargo, los antillanos enfrentaron
la oposición férrea de colegiales americanos, de la Republica Dominicana o de
Nicaragua, más alguna que otra selección que les arañó un juego varias veces,
con lo que se llevaron victorias pírricas en más de 2 eventos.
Macho de la competencia, la novena cubana iba al seguro y salió
victoriosa después de tener el agua al cuello en 1969, 70, 71, 72, 75, 76, 80,
81 (perdieron), 82 (también), por ejemplo.

Era
común que en aquellos campeonatos se presentaran equipos, como la Alemania
Federal de entonces, que no sabían jugar pelota, con más de la mitad de las
novenas sin nivel para campeonatos de orden municipal en cualquier nación del
Caribe de prestigio en el deporte.

Pero
pasaban como amateurs (y lo eran verdaderamente), con la excepción de Cuba

Para
el próximo Clásico Mundial, el señor Bud Selig, artífice de todo lo malo que le
sucede al Beisbol Organizado, quiere ampliar a 28 clubes la participación.

Tal
vez pudiera verse como una forma innovadora, con intención de ampliar el
interés por el deporte a la mayor cantidad de países posibles; es decir, el
famoso concepto de masividad o no me pueden practicar si no me conocen, pero
esa es la orbita equivocada; esto es debilitar un torneo inservible y peligroso
al máximo, un evento que ha puesto en entredicho al jugador de grandes ligas
que, por pobre o por ninguna preparación, o por inapetencia ante el compromiso,
rinden menos y lucen peor que aquella Antillas Holandesas que servía de
hazmerreír en los eventos de la FIBA hace 30 y más años.

Las
victorias cubanas deberían ser un alerta serio, porque no es posible que un
equipo tan débil, que no pueda ganar otras series de inferior categoría y,
acaso, la verdadera clasificación de ellos, aplaste ridículamente a los astros
del beisbol de hoy que, por cierto, ninguno es cubano.

Un
europeo solo puede entender el papelazo de los profesionales entre sí, o, con
mayor énfasis, ante los cubanos, como una pérdida de tiempo y dinero.
Decepcionando con la mala imagen a un fanático que se pretende ganar, no
se puede imponer el juego.

El mal
llamado Clásico Mundial de Beisbol, como funcionó hasta el 2,009, es un fraude
absoluto; con 28 equipos, la más colosal tomadura de pelo interesada que se le
haya ocurrido a alguien con respecto al juego jamás.

Las
imágenes de Cuba ganándole a República Dominicana, a Puerto Rico o a Venezuela
en los Clásicos, deberían ser una pesadilla para Bud Selig; sin embargo,
pretende meterse mar adentro en medio de una resaca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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